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Andrés Villa, “centauro” motorizado

Redacción Fanático

Tan normal como es para un abogado laboral llevar en la maleta el Código del Trabajo o para un sacerdote portar el rosario, Andrés Villa ve en la motocicleta su instrumento de trabajo, el símbolo de su vocación: la acrobacia motorizada.

Frases como: “Parcerito usted es lo mejor q hay en representación de la motos en Colombia. Larga vida al stunt”, del admirador Joel Pedraza, o “Q buen show!!!”, de la seguidora Diana Lorena Díaz Durán, alimentan esa pasión a través de Twitter y Facebook, redes sociales en las que el deportista interactúa con sus “fans”.

En estos días, los aficionados del país tuvieron la ocasión de verlo, la empresa Unno Motors pactó shows del equilibrista en ocho ciudades: Santo Domingo, Ibarra, Lago Agrio, Quito, Milagro, Portoviejo, Cuenca y Loja. El también colombiano William García fue su compañero de escena.

Riesgo y vida

Nelson Andrés Villa aspiró aire por primera vez en octubre de 1982, la Tierra le tenía reservado un espacio en Medellín. Chico normal, creció con la indecisión de no saber hasta los 20 años cuál sería el camino a seguir en su existencia. La respuesta le vino en dos ruedas, desde que aprendió a dominar a las motocicletas se negó a escribir su historia sin ellas.

De las motos de velocidad a las de enduro, de las de motocross a las de trial, nada lo entusiasmó tanto como el motociclismo acrobático, modalidad poco practicada en territorio colombiano, quería ser el mejor de la especialidad.

Convencido de que a la vida se la siente más cuando se la pone en riesgo, Andrés afianzó cada vez más su amor por las acciones intensas. A diferencia de los exponentes de competencia, quienes se esmeran en depurar las técnicas de manejo en pista asfaltada o con obstáculos, él se esmeraba por perfeccionar los trucos.

La atracción por los saltos de gran dificultad, esos que exigen mayor tiempo de práctica, comenzaron a elevar su reputación. Entendió que el éxito de su carrera se basaba en emocionar y contentar a los espectadores.

Suertes como el wheelie o el endo entraron de lleno en la cotidianidad del deportista, la misión de no fallar requería grandes inversiones de tiempo.

Sin embargo, no bastaba con ser meticuloso, el siguiente paso sería crear un estilo propio, inventarse piruetas. Es así como propició una versión más avanzada del frontflip, que consiste en dar un giro total en el aire, salirse del asiento y, sin soltar el manubrio de la moto, volver al asiento antes de que la moto retorne al piso.

Su propuesta más reciente es fusionar la motoacrobacia con el parkour, mientras él dirige la máquina y ejecuta sus trucos, un experto en parkour lo acompaña como copiloto, hasta que, bajo estricta coordinación, se suelta y desplaza su cuerpo con impresionantes volteretas. Incluso simulan un intento de atropello: Villa da vuelta, acelera contra su compañero pero, antes de arrollarlo, este lo esquiva de un salto.

Piloto de pruebas

Las marcas no solo apuestan al rally, velocidad, enduro o motocross para probar sus innovaciones, en la actualidad la acrobacia también es tomada en cuenta, así lo menciona Hernán Darío Cárdenas, gerente comercial de Importadora Tomebamba.

En su país natal, Villa puso a rodar modelos de las marcas AKT y Pulsar, en Ecuador durante sus shows lo hace con Keeway. “No solo se las prueba en acrobacia, sino también en una conducción segura, cómo frena, cómo acelera, cómo toma la curva”, detalló Cárdenas.

Salto a la pantalla

El profesionalismo de Andrés Villa lo condujo a la pantalla, ha colaborado en producciones de televisión y de cine.

Se estrenó en la telenovela El Capo, filmada principalmente en Bogotá. Lo contrataron para coordinar las escenas de stunt, aunque las maniobras más peligrosas las protagonizó él.

Con roles parecidos intervino en los largometrajes colombianos “En Coma” (2011) y la reciente “The Dead Men”.

Villa comentó que la actividad no competitiva tiene estas ventajas, se entrena igual pero se tiene la posibilidad de incursionar en el arte. Su sueño ahora es llegar a Hollywood.

Fuente:  Diario El Telégrafo

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